psicoanalisis en Guadalajara
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psicoanalisis
Sigmund Freud
El amor es susceptible de tres antítesis y no de una sola. Aparte de la antítesis "amar-odiar", existe la de "amar-ser amado", y además el amor y el odio, tomados conjuntamente, se oponen a la indiferencia.
el amor es susceptible
Sigmund Freud
biografia

El tratamiento psicoanalítico es de gran eficacia en:

Depresión, estrés, inhibiciones y timidez, problemas de comportamiento, dificultades en el aprendizaje, hiperactividad, enuresis o micción nocturna, adicciones, obsesiones y fobias, alteraciones del lenguajes(disfasias, tartamudez, dislexia...), situaciones de cambio (menopausia, jubilación, divorcios ), trastornos alimentarios (anorexia, bulimia), agresiones , conflictos familiares, problemas sexuales (impotencia, frigidez, eyaculación precoz, inhibiciones), infertilidad, enfermedades psicosomáticas, cáncer y sida.

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Artículos
La neurosis obsesiva es una estructura psíquica. 
Acontece tanto en hombres como en mujeres, pero es más frecuente su prevalencia en los hombres. 

Hablar del amor en la neurosis obsesiva es hablar de hombres que jamás consiguen establecerse en ninguna de sus relaciones amorosas. 

La neurosis obsesiva se caracteriza por una erotización del pensamiento, o dicho de otra forma, a las personas proclives a caer en esta estructura les gusta pensar, por eso que es habitual encontrar a grandes matemáticos o físicos entre quienes padecen esta forma de posicionarse en el mundo.

Solemos asociar la neurosis obsesiva con actos compulsivos como limpiar una y otra vez el pomo de la puerta, o contar las rayas de las baldosas, pero este hacer es sólo un parte del universo obsesivo,  si bien , por ser quizá la más florida y llamativa, solemos pensar que esos síntomas configuran todo el padecimiento obsesivo.

Sin embargo, la verdadera tragedia y el corazón de su estructura aparece en el campo del deseo, es decir, en cómo la persona se relaciona con su deseo.

La neurosis obsesiva habita en personas con una rígida moral, que parecen implicarse con dedicación en sus tareas y por ende en sus relaciones, pero lo cierto es que siempre mantienen un cordón de seguridad con respecto al mundo; algo así como una zona de protección que les impide acercarse allí donde habita su deseo.

En las relaciones de pareja son aquellos hombres a quienes  ninguna mujer puede en realidad conquistar, “lobos solitarios” que jamás se implican del todo en sus relaciones, aunque en conversación parezca todo lo contrario: son hombres que de repente sorprenden con frases que hacen pensar a la otra persona en un futuro juntos, incluso, en ocasiones, la mujer puede sentir que él camina demasiado deprisa en sus elucubraciones, de tal forma, que sin haber pasado ninguna velada juntos, es posible que él hable con ella de lugares donde le gustaría vivir, o de cómo criar a los niños; pero todas estas fabulaciones son sólo eso, promesas de aire, porque lo que precisamente él no puede es jugar su deseo.

El hombre obsesivo  mantiene siempre su deseo como algo imposible, y la mujer que lo ame siempre sentirá que viven “un pasito adelante, un pasito atrás”; cuando él parece hacer a favor de la relación, al momento siguiente se repliega, y vuelve a actuar como si el otro fuese un extraño, una amiga.

La relación con él será muy torturante para la mujer, que vivirá una insatisfacción permanente: hoy, él se relaciona con ella como si quisiera pedirla en matrimonio, mañana él evita el encuentro y huye su mirada. 

Es el vaivén obsesivo, el laberinto del fauno, que desea y reprime al mismo tiempo y con la misma fuerza. Al obsesivo le basta con pensar, es decir, con hablar de ello. Él siempre se encuentra en situaciones que le son ajenas, que parecen producto de la mala suerte o de la injusticia:  ¿por qué se enfada ella conmigo?

El obsesivo es  en realidad un hombre muy erótico que vive en un traje de monje.  

Su rígida moral todo lo escucha y todo lo condena. “Si no quisiéramos ser tan buenos, seríamos mejores” escribe Freud, pero el obsesivo insiste en corregirle y dice :“ si quiero ser el mejor debo ser bueno” y es ahí, al comenzar su empeño por ser dios, que cae el hombre y se instaura la enfermedad.
EL AMOR EN LA NEUROSIS OBSESIVA. La neurosis obsesiva es una estructura psíquica. Acontece tanto en hombres como en mujeres,...
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Tendemos a pensar que la suerte tiene gran importancia en la vida y atribuimos gran parte de lo que nos sucede al azar. Sin embargo, aun siendo cierto que la fortuna también interviene, lo más determinante en cómo uno vive siempre será uno mismo. Hay quien piensa que las mujeres no saben amar y sólo conoce a mujeres que lo desprecian, o quien no confía en nadie y sistemáticamente se ve traicionado por sus compañeros. Todo acto humano es a la par consciente e inconsciente. Es por eso que a menudo podemos encontrarnos, con situaciones que se repiten sin que uno haga aparentemente nada para que así suceda. Lo inconsciente no se encuentra en ningún lugar ni está debajo de nada, como pudiera pensarse cuando se le llama de manera equivocada subconsciente. Nuestra realidad es aquello que de ella decimos.
Sólo después sabremos quiere decir que el sujeto se descubre en la repetición. Cuando una mujer siempre tiene relaciones con hombres que la maltratan, debería pensar que algo en ella desea vivir el amor de esa forma. No se trata de culpabilizar, pues precisamente en las personas que reciben malos tratos el sentimiento de culpa está muy presente, sino de tener en cuenta que tenemos deseos inconscientes de los que nada sabemos sino por los resultados. Nada sucede al azar, todo acto humano tiene una sobredeterminación inconsciente. Puedo decir una y otra vez que quiero ir a una fiesta pero cuando llego me sorprendo al saludar al anfitrión con un adiós.
El ser humano tiene en su constitución psíquica marcadas tendencias narcisistas; no estamos hechos para aceptar de buen grado al mundo exterior. Lo nuevo siempre causa cierta angustia. A menudo preferimos mantener nuestras opiniones, que son en realidad las frases que hemos escuchado en la familia.
No es fácil reconocer lo que a uno le está pasando, somos ciegos ante nuestro propio hacer. Es habitual que en el entorno se pregunten cómo ella puede seguir con ese hombre , que todo el mundo sabe, sólo le ofrece vejaciones o él permita que su mujer le tenga completamente sometido. Resulta extraño pensar que pueda haber placer en el dolor y sin embargo las tendencias masoquistas son parte del aparato psíquico. En ocasiones sucede que una persona aquejada de graves trastornos neuróticos, que desafían todos los esfuerzos terapéuticos por combatirlos, experimenta una repentina mejoría de sus síntomas al contraer un matrimonio desgraciado o al sufrir una enfermedad orgánica. Un padecimiento queda sustituido por otro y conservada así cierta cuota de dolor, que es en definitiva lo que el sujeto en este caso parece perseguir. Este acontecer no es algo que uno pueda aprehender de una manera consciente sino que responde a un goce de carácter inconsciente. Algo se satisface en el sujeto, sin que pueda identificarlo, en esa situación de dolor que él mismo mantiene. El aprendizaje a realizar sería entonces la conquista de nuevas formas de goce, que mutilen menos la vida del sujeto. Hacer un viaje, enamorarse, empezar una actividad puede curar pero no transforma y tiempo después vuelven a surgir los mismos síntomas. Lo único que permite un cambió en cómo el sujeto desea es la terapia psicoanalítica. El análisis es un lugar de libertad, donde uno puede hablar sin sentir que cada frase lo compromete y producir nuevas relaciones. Por muy sorprendente que nos pueda parecer no siempre queremos que nos vaya bien, es más, muchas veces sucede que cuando el sujeto alcanza algo por lo que estuvo luchando durante años, de repente enferma, tiene un accidente o discute con aquellas personas que le ayudaron y le permiten mantener el deseo tan aparentemente anhelado. Atletas que una semana antes de la competición sufren una caída y se ven obligados a renunciar a las mieles del éxito, a las que su esfuerzo mantenido estaba a punto de conducirles. Cada vez que la mala suerte parece ser nuestra compañera, una culpa inconsciente por algo que en realidad el sujeto no hizo reclama su castigo.
RELACIONES TORTURANTES. Tendemos a pensar que la suerte tiene gran importancia en la vida y atribuimos gran parte de...
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Los celos es tal vez uno de los sentimientos, que aparentemente, menos nos agrada reconocer en nosotros, pero curiosamente, a veces, toleramos aún peor nuestras tendencias eróticas, nuestras elecciones amorosas, y  preferimos entonces, habitar los celos a reconocer la atracción que experimentamos por otra persona, paradójico ¿verdad?.
Los celos se caracterizan por una experiencia de tristeza, por aquel o aquello que se piensa perdido en los brazos de otro, sentimientos concurrentes de inferioridad y generalmente hostilidad por quien se percibe como rival, frente a nuestro objeto de deseo. Ya en esta primera aproximación nos sale al encuentro uno de los demonios que siembran lo celos: pensar que el otro me pertenece y lo puedo, en consecuencia, perder o ganar. Esta ilusión de pertenencia luce raíces en la infancia, cuando el niño en su desamparo piensa a quien le cuida omnipotente y suyo; será todo un proceso separar su cuerpo del cuerpo de la madre, diferenciar su interior del exterior, dejar de alucinar la acción para tomar parte en el mundo. Y en esa completud imaginaria, que forma el niño y la madre (como más tarde puede suceder en la celebración de la pareja, donde siempre habrá esa tendencia a creer que uno vuelve a ser completo ), será  la presencia de un tercero quien introducirá un falla, una grieta en esa ambición de unicidad, en esa ambición de autosuficiencia.
En psicoanálisis decimos que los celos sirven, si uno así lo permite, como llave de acceso a un deseo porque el deseo comienza siempre como deseo de otro, esto es, deseo aquello que el otra persona me muestra como un algo privilegiado para él o para ella, de tal manera, que insistir en hablar con los amigos acerca de la mujer a quien se ama, es la mejor forma de cultivar, no tanto la amistad que estaría más en relación con hacer proyectos juntos, sino  la atracción en ellos hacia esa misma mujer. Es gracias a la tendencia celosa, que desvío mi interés a otros mundos más allá de esa fantasía autista de “ser el uno para el otro”, como tantas veces se escucha prometer al amor; fantasía, que de permanecer en ella, abre de par en par la puerta a la hostilidad y a la agresión.
“Cuando se cela se desea” canta el refrán popular, pero más bien diremos que los celos señalan que algo en nosotros ha sido tocado desde el exterior, que se ha movilizado nuestra libido, que se ha iniciado el movimiento, ahora todavía habrá que construir ese deseo, la dirección de ese arroyo.
Los celos pueden ser una llave a otro hacer, a nuevas relaciones, pero también pueden ser un destino a la cruel locura, a la destructiva envidia o a la más aférrima hostilidad.
Gran parte de nuestra vida afectiva permanece oculta a nuestra propia mirada y , por sorprendente que parezca, podemos experimentar fantasías eróticas de las que nada sabemos a nivel consciente; por ejemplo, a veces es más fácil para un hombre construir un delirio celotípico (celos paranoicos) que tolerar sus inclinaciones amorosas por otro hombre (si bien estas inclinaciones homosexuales son la simiente de toda gran amistad) ; tal fue el destino de Otelo, que acusó a Desdémona de lo que en realidad era su propia pasión: amar a Casio. 
Reprimir y proyectar en los demás nuestras anhelos es un artificio de la moral para callarlos, sin embargo desde su exilio, su grito se hace aún más fuerte. Sirva como ilustración de este proceso aquel caso clínico, documentado por Freud, de una afable mujer, felizmente casada, que sin embargo sentía una gran atracción por el marido de su hija, y como este sentimiento le era por completo inadmisible a su conciencia, lo había reprimido, y en su lugar aparecieron persistentes y tormentosas dudas acerca de la fidelidad de su esposo. 
 
Los celos tienen un carácter universal, por eso, quien afirma no sentirlos es precisamente quien más los padece. La diferencia entre una vida y otra estriba en qué puerta abrimos con esa llave; como señalábamos al principio los celos pueden ser el puente, que no el camino, de incursión a lo nuevo porque no hay nada en la realidad exterior que nos pueda conmover, invitar a la acción, sino por medio del deseo de otro; todos nuestros haceres están siempre en relación a otra persona, viva o muerta, a veces es a favor, otras veces es en contra; pero siempre es a favor o en contra de uno mismo. Cuando nos empeñamos en hacer del puente camino e insistimos en esa ilusión, en esa imagen de completud que atribuimos al otro, al supuesto rival por quien celamos, quedamos entonces atrapados en la captura imaginaria y nos precipitamos, sin más, al abismo de la envidia, donde ya no se persigue el deseo del otro, lo que el otro desea, sino aniquilar al otro. La envidia se estructura siempre en una relación de dos, y las relaciones de dos son, en todo momento, uno y su imagen. De ahí, que sea posible envidiarse a uno mismo e ir, como capitán en batalla, arremetiendo contra todo lo hermoso que nos habita.
Cada vez que me comparo con las demás personas, cada vez que transformo lo que simplemente es una diferencia, una pluralidad, en una diferencia adjetivada, es decir, en ser mejor o peor, más alto o menos alto, más guapo o menos guapo, más joven o menos joven, cada vez que así construyo mi realidad,  quedo sometido a la envidia; envidia que sólo excluye y destruye; envidia estancada en la fantasía de tener lo que, en verdad, nadie tiene: la inmortalidad.
Todo sentimiento es siempre una articulación significante, es decir, el relato histórico de un hablante;  decir que alguien siente celos muestra más el sentir de quien habla que el ajeno, y además ,qué son los celos, en ese momento,  para esa persona, sólo podrá desplegarse en análisis. No se trata de saber sino de poder diluir, transformar, lo que hace obstáculo a la relación con los otros.
¿CELOSO YO?. Los celos es tal vez uno de los sentimientos, que aparentemente, menos nos agrada reconocer en...
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Puede ocurrir que uno comience a dudar si dejó el gas apagado e incluso muchas veces es conveniente una segunda mirada. Sin embargo, también puede suceder que después de haberlo revisado se vuelva insistentemente a la cocina para comprobar que efectivamente es así. 
En 1895 Freud publica un ensayo con el título “Obsesiones y fobias”, donde expone los mecanismos psíquicos de formación de síntomas en la neurosis obsesiva e introduce como fórmula teórica que la culpa, siempre presente en las obsesiones, procede de algo que el sujeto ha cometido en su fantasía y que permanece inconsciente. Es por eso que el tratamiento no consiste en buscar traumas o terribles episodios que acontecieron en la vida del sujeto sino en permitir que pueda haber deslizamiento significante, es decir, que el paciente se deje decir en análisis. 
Hay temas que tocan a todo humano, como la duración de la vida, el amor, la paternidad…, y que universalmente conllevan cierto grado de duda e incertidumbre . A partir de ellos a veces se teje todo un entramado, en donde cualquier acto cotidiano se piensa como posible causa de los peores infortunios. 
La duda previene contra la acción o mejor dicho contra el resultado, es como si uno fuese borrando los pasos que da y en ese borrar quedara su presencia acentuada. 
En la mujer esta duda suele centrarse en miedo a contagiarse del sida o a quedarse embarazada y las más estrictas medidas preventivas no consiguen calmar su angustia. Ni el paciente ni su entorno entienden el sentido de sus miedos, que en los momentos de menor ansiedad reconoce perfectamente como algo irracional. No produce ningún efecto intentar convencer a la persona con obsesiones de la poca lógica que albergan sus temores porque ella misma es muy consciente de eso. Precisamente quienes padecen este trastorno suelen presentar una aguda competencia intelectual, siendo estudiantes de brillantes resultados o trabajadores muy eficaces. El obsesivo se siente culpable de algo que desconoce. Lo real es aquello que se repite. El hacer humano está comandado por el inconsciente, que no es nada en los abismos del alma sino una producción en el lenguaje. Inconsciente es cuando en vez de decirle al hombre que tengo en frente si quiere queso, me equivoco y le pregunto si quiere un beso. En ese decir aparentemente errado se produce el sujeto del deseo. El inconsciente no juzga, no calcula, sólo le interesa desear y aprovecha cualquier ocasión para expresarse. Sabemos de él por las marcas que deja sobre la realidad en aquello que se repite. 
La conciencia moral se instaura cuando el sujeto interioriza la autoridad paterna. 
Para la conciencia moral hacer y pensar tienen el mismo valor. Así, el sujeto puede llegar a sentir una angustia extrema por algo que sólo pensó y someterse a un castigo para aliviar la culpa. En los trastornos obsesivos reina la omnipotencia del pensamiento, de manera que el sujeto cree que puede provocar la muerte del otro con sólo pensarlo. La cultura impone al individuo la renuncia a sus impulsos. El niño teme perder el amor y la protección de los padres. Para evitarlo cede en la satisfacción pulsional, se civiliza, ya no puede hacer pipí a cualquier hora sino es en el orinal, no puede tocarse los genitales en cualquier situación como hacen los niños más pequeños cuando están en compañía de personas que le son gratas, hecho que se muestra de manera más clara en los varones, sino que ha de someterse a la leyes culturales. 
No hay representación mental de qué es la muerte como tampoco en qué consiste ser hombre o mujer. Hay una angustia inherente al ser para la muerte que engendra la condición humana. El obsesivo hace para deshacer y luego volver a hacer, atrapado en sus rituales, en la quietud de la duda el tiempo pasa.
LOS DOBLES DE LA NEUROSIS OBSESIVA. Puede ocurrir que uno comience a dudar si dejó el gas apagado e incluso muchas veces es...
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La anorexia-bulimia nerviosa suele entenderse como una enfermedad en sí misma, sin embargo este trastorno es en realidad un síntoma, es decir,  lo que le sucede a la persona que padece anorexia no se resume, como generalmente se piensa,  en una problemática con la comida y en consecuencia de nada sirven los razonamientos lógicos que el paciente escucha de familiares y amigos acerca de las bondades del alimento o de la necesidad de comer para llevar una vida sana, información que por otro lado él o ella bien conocen. 
Tampoco guarda esa conexión única,  que los medios de comunicación a veces transmiten con enconado ahínco, en torno a una distorsión perceptiva del propio cuerpo; las mujeres y hombres que sufren anorexia conocen la delgadez extrema de sus miembros y el deterioro físico que los vómitos continuados producen, si bien padecen de obsesiones focalizadas en determinadas partes del mismo, muy habitualmente la zona abdominal.
Algo que no es azaroso si tenemos en cuenta la relación que el abultamiento de esta zona tiene con el embarazo, esto es, pareciera como si en muchas ocasiones y tanto en mujeres como en hombres, la fantasía de embarazarse y también el deseo contrario subyaciesen juntos a la práctica del vómito compulsivo.
El enigma de la procedencia de los bebes ocupa desde bien temprano a los niños de ambos sexos y una de las soluciones que el psiquismo infantil encuentra ante este misterio es pensar que los niños se conciben comiendo algún alimento y son después paridos por el ano. 
Además, con esta explicación los más pequeños rechazan creer que sólo la mujer pueda parir y atribuyen a los hombres también la posibilidad de albergar en su interior a una criatura. Estos modelos infantiles son posteriormente reprimidos en el curso del desarrollo evolutivo, pero en el psiquismo humano nada desaparece sino que pervive en lo inconsciente y a veces, como sucede en la anorexia, se produce una regresión y vuelven a cobrar toda su vigencia.
La presencia de una marcada ambivalencia afectiva (presente en mayor o menor medida en todo humano) suele ser  una constante en quienes muestran esta sintomatología, de tal forma que tienden a vivir las relaciones en una dinámica de profundo amor e intenso rechazo al mismo tiempo.
Se identifican fácilmente con las otras personas y no toleran en absoluto las ofensas que toda trayectoria amorosa con otro humano siempre genera.  
Es habitual que vuelquen sobre su propia persona la venganza que infringirían al objeto de amor que les ha defraudado, así, a veces sucede que el vómito expresa indignación ante una injusticia percibida. Este rasgo es particularmente peligroso, pues puede conducir a situaciones de auténtico peligro para la propia integridad personal.
La anorexia-bulimia no es, como tan frecuentemente y tan erróneamente se piensa un gesto de extrema coquetería, sino la expresión más descarnada de un paso que el sujeto no pudo dar en su proceso de construcción como deseante. 
El ser humano lejos de nacer conocedor de las artes para la vida, tiene que aprenderlas y psicoanalizarse es uno de los caminos.
EL GRITO MUDO DE LA ANOREXIA-BULIMIA. La anorexia-bulimia nerviosa suele entenderse como una enfermedad en sí misma, sin embargo...
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