psicoanalisis en Guadalajara
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psicoanalisis
Sigmund Freud
El amor es susceptible de tres antítesis y no de una sola. Aparte de la antítesis "amar-odiar", existe la de "amar-ser amado", y además el amor y el odio, tomados conjuntamente, se oponen a la indiferencia.
el amor es susceptible
Sigmund Freud
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El tratamiento psicoanalítico es de gran eficacia en:

Depresión, estrés, inhibiciones y timidez, problemas de comportamiento, dificultades en el aprendizaje, hiperactividad, enuresis o micción nocturna, adicciones, obsesiones y fobias, alteraciones del lenguajes(disfasias, tartamudez, dislexia...), situaciones de cambio (menopausia, jubilación, divorcios ), trastornos alimentarios (anorexia, bulimia), agresiones , conflictos familiares, problemas sexuales (impotencia, frigidez, eyaculación precoz, inhibiciones), infertilidad, enfermedades psicosomáticas, cáncer y sida.

tratamiento psicoanalitico
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Tendemos a pensar que la suerte tiene gran importancia en la vida y atribuimos gran parte de lo que nos sucede al azar. Sin embargo, aun siendo cierto que la fortuna también interviene, lo más determinante en cómo uno vive siempre será uno mismo. Hay quien piensa que las mujeres no saben amar y sólo conoce a mujeres que lo desprecian, o quien no confía en nadie y sistemáticamente se ve traicionado por sus compañeros. Todo acto humano es a la par consciente e inconsciente. Es por eso que a menudo podemos encontrarnos, con situaciones que se repiten sin que uno haga aparentemente nada para que así suceda. Lo inconsciente no se encuentra en ningún lugar ni está debajo de nada, como pudiera pensarse cuando se le llama de manera equivocada subconsciente. Nuestra realidad es aquello que de ella decimos.
Sólo después sabremos quiere decir que el sujeto se descubre en la repetición. Cuando una mujer siempre tiene relaciones con hombres que la maltratan, debería pensar que algo en ella desea vivir el amor de esa forma. No se trata de culpabilizar, pues precisamente en las personas que reciben malos tratos el sentimiento de culpa está muy presente, sino de tener en cuenta que tenemos deseos inconscientes de los que nada sabemos sino por los resultados. Nada sucede al azar, todo acto humano tiene una sobredeterminación inconsciente. Puedo decir una y otra vez que quiero ir a una fiesta pero cuando llego me sorprendo al saludar al anfitrión con un adiós.
El ser humano tiene en su constitución psíquica marcadas tendencias narcisistas; no estamos hechos para aceptar de buen grado al mundo exterior. Lo nuevo siempre causa cierta angustia. A menudo preferimos mantener nuestras opiniones, que son en realidad las frases que hemos escuchado en la familia.
No es fácil reconocer lo que a uno le está pasando, somos ciegos ante nuestro propio hacer. Es habitual que en el entorno se pregunten cómo ella puede seguir con ese hombre , que todo el mundo sabe, sólo le ofrece vejaciones o él permita que su mujer le tenga completamente sometido. Resulta extraño pensar que pueda haber placer en el dolor y sin embargo las tendencias masoquistas son parte del aparato psíquico. En ocasiones sucede que una persona aquejada de graves trastornos neuróticos, que desafían todos los esfuerzos terapéuticos por combatirlos, experimenta una repentina mejoría de sus síntomas al contraer un matrimonio desgraciado o al sufrir una enfermedad orgánica. Un padecimiento queda sustituido por otro y conservada así cierta cuota de dolor, que es en definitiva lo que el sujeto en este caso parece perseguir. Este acontecer no es algo que uno pueda aprehender de una manera consciente sino que responde a un goce de carácter inconsciente. Algo se satisface en el sujeto, sin que pueda identificarlo, en esa situación de dolor que él mismo mantiene. El aprendizaje a realizar sería entonces la conquista de nuevas formas de goce, que mutilen menos la vida del sujeto. Hacer un viaje, enamorarse, empezar una actividad puede curar pero no transforma y tiempo después vuelven a surgir los mismos síntomas. Lo único que permite un cambió en cómo el sujeto desea es la terapia psicoanalítica. El análisis es un lugar de libertad, donde uno puede hablar sin sentir que cada frase lo compromete y producir nuevas relaciones. Por muy sorprendente que nos pueda parecer no siempre queremos que nos vaya bien, es más, muchas veces sucede que cuando el sujeto alcanza algo por lo que estuvo luchando durante años, de repente enferma, tiene un accidente o discute con aquellas personas que le ayudaron y le permiten mantener el deseo tan aparentemente anhelado. Atletas que una semana antes de la competición sufren una caída y se ven obligados a renunciar a las mieles del éxito, a las que su esfuerzo mantenido estaba a punto de conducirles. Cada vez que la mala suerte parece ser nuestra compañera, una culpa inconsciente por algo que en realidad el sujeto no hizo reclama su castigo.
RELACIONES TORTURANTES. Tendemos a pensar que la suerte tiene gran importancia en la vida y atribuimos gran parte de...
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Los celos es tal vez uno de los sentimientos, que aparentemente, menos nos agrada reconocer en nosotros, pero curiosamente, a veces, toleramos aún peor nuestras tendencias eróticas, nuestras elecciones amorosas, y  preferimos entonces, habitar los celos a reconocer la atracción que experimentamos por otra persona, paradójico ¿verdad?.
Los celos se caracterizan por una experiencia de tristeza, por aquel o aquello que se piensa perdido en los brazos de otro, sentimientos concurrentes de inferioridad y generalmente hostilidad por quien se percibe como rival, frente a nuestro objeto de deseo. Ya en esta primera aproximación nos sale al encuentro uno de los demonios que siembran lo celos: pensar que el otro me pertenece y lo puedo, en consecuencia, perder o ganar. Esta ilusión de pertenencia luce raíces en la infancia, cuando el niño en su desamparo piensa a quien le cuida omnipotente y suyo; será todo un proceso separar su cuerpo del cuerpo de la madre, diferenciar su interior del exterior, dejar de alucinar la acción para tomar parte en el mundo. Y en esa completud imaginaria, que forma el niño y la madre (como más tarde puede suceder en la celebración de la pareja, donde siempre habrá esa tendencia a creer que uno vuelve a ser completo ), será  la presencia de un tercero quien introducirá un falla, una grieta en esa ambición de unicidad, en esa ambición de autosuficiencia.
En psicoanálisis decimos que los celos sirven, si uno así lo permite, como llave de acceso a un deseo porque el deseo comienza siempre como deseo de otro, esto es, deseo aquello que el otra persona me muestra como un algo privilegiado para él o para ella, de tal manera, que insistir en hablar con los amigos acerca de la mujer a quien se ama, es la mejor forma de cultivar, no tanto la amistad que estaría más en relación con hacer proyectos juntos, sino  la atracción en ellos hacia esa misma mujer. Es gracias a la tendencia celosa, que desvío mi interés a otros mundos más allá de esa fantasía autista de “ser el uno para el otro”, como tantas veces se escucha prometer al amor; fantasía, que de permanecer en ella, abre de par en par la puerta a la hostilidad y a la agresión.
“Cuando se cela se desea” canta el refrán popular, pero más bien diremos que los celos señalan que algo en nosotros ha sido tocado desde el exterior, que se ha movilizado nuestra libido, que se ha iniciado el movimiento, ahora todavía habrá que construir ese deseo, la dirección de ese arroyo.
Los celos pueden ser una llave a otro hacer, a nuevas relaciones, pero también pueden ser un destino a la cruel locura, a la destructiva envidia o a la más aférrima hostilidad.
Gran parte de nuestra vida afectiva permanece oculta a nuestra propia mirada y , por sorprendente que parezca, podemos experimentar fantasías eróticas de las que nada sabemos a nivel consciente; por ejemplo, a veces es más fácil para un hombre construir un delirio celotípico (celos paranoicos) que tolerar sus inclinaciones amorosas por otro hombre (si bien estas inclinaciones homosexuales son la simiente de toda gran amistad) ; tal fue el destino de Otelo, que acusó a Desdémona de lo que en realidad era su propia pasión: amar a Casio. 
Reprimir y proyectar en los demás nuestras anhelos es un artificio de la moral para callarlos, sin embargo desde su exilio, su grito se hace aún más fuerte. Sirva como ilustración de este proceso aquel caso clínico, documentado por Freud, de una afable mujer, felizmente casada, que sin embargo sentía una gran atracción por el marido de su hija, y como este sentimiento le era por completo inadmisible a su conciencia, lo había reprimido, y en su lugar aparecieron persistentes y tormentosas dudas acerca de la fidelidad de su esposo. 
 
Los celos tienen un carácter universal, por eso, quien afirma no sentirlos es precisamente quien más los padece. La diferencia entre una vida y otra estriba en qué puerta abrimos con esa llave; como señalábamos al principio los celos pueden ser el puente, que no el camino, de incursión a lo nuevo porque no hay nada en la realidad exterior que nos pueda conmover, invitar a la acción, sino por medio del deseo de otro; todos nuestros haceres están siempre en relación a otra persona, viva o muerta, a veces es a favor, otras veces es en contra; pero siempre es a favor o en contra de uno mismo. Cuando nos empeñamos en hacer del puente camino e insistimos en esa ilusión, en esa imagen de completud que atribuimos al otro, al supuesto rival por quien celamos, quedamos entonces atrapados en la captura imaginaria y nos precipitamos, sin más, al abismo de la envidia, donde ya no se persigue el deseo del otro, lo que el otro desea, sino aniquilar al otro. La envidia se estructura siempre en una relación de dos, y las relaciones de dos son, en todo momento, uno y su imagen. De ahí, que sea posible envidiarse a uno mismo e ir, como capitán en batalla, arremetiendo contra todo lo hermoso que nos habita.
Cada vez que me comparo con las demás personas, cada vez que transformo lo que simplemente es una diferencia, una pluralidad, en una diferencia adjetivada, es decir, en ser mejor o peor, más alto o menos alto, más guapo o menos guapo, más joven o menos joven, cada vez que así construyo mi realidad,  quedo sometido a la envidia; envidia que sólo excluye y destruye; envidia estancada en la fantasía de tener lo que, en verdad, nadie tiene: la inmortalidad.
Todo sentimiento es siempre una articulación significante, es decir, el relato histórico de un hablante;  decir que alguien siente celos muestra más el sentir de quien habla que el ajeno, y además ,qué son los celos, en ese momento,  para esa persona, sólo podrá desplegarse en análisis. No se trata de saber sino de poder diluir, transformar, lo que hace obstáculo a la relación con los otros.
¿CELOSO YO?. Los celos es tal vez uno de los sentimientos, que aparentemente, menos nos agrada reconocer en...
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Puede ocurrir que uno comience a dudar si dejó el gas apagado e incluso muchas veces es conveniente una segunda mirada. Sin embargo, también puede suceder que después de haberlo revisado se vuelva insistentemente a la cocina para comprobar que efectivamente es así. 
En 1895 Freud publica un ensayo con el título “Obsesiones y fobias”, donde expone los mecanismos psíquicos de formación de síntomas en la neurosis obsesiva e introduce como fórmula teórica que la culpa, siempre presente en las obsesiones, procede de algo que el sujeto ha cometido en su fantasía y que permanece inconsciente. Es por eso que el tratamiento no consiste en buscar traumas o terribles episodios que acontecieron en la vida del sujeto sino en permitir que pueda haber deslizamiento significante, es decir, que el paciente se deje decir en análisis. 
Hay temas que tocan a todo humano, como la duración de la vida, el amor, la paternidad…, y que universalmente conllevan cierto grado de duda e incertidumbre . A partir de ellos a veces se teje todo un entramado, en donde cualquier acto cotidiano se piensa como posible causa de los peores infortunios. 
La duda previene contra la acción o mejor dicho contra el resultado, es como si uno fuese borrando los pasos que da y en ese borrar quedara su presencia acentuada. 
En la mujer esta duda suele centrarse en miedo a contagiarse del sida o a quedarse embarazada y las más estrictas medidas preventivas no consiguen calmar su angustia. Ni el paciente ni su entorno entienden el sentido de sus miedos, que en los momentos de menor ansiedad reconoce perfectamente como algo irracional. No produce ningún efecto intentar convencer a la persona con obsesiones de la poca lógica que albergan sus temores porque ella misma es muy consciente de eso. Precisamente quienes padecen este trastorno suelen presentar una aguda competencia intelectual, siendo estudiantes de brillantes resultados o trabajadores muy eficaces. El obsesivo se siente culpable de algo que desconoce. Lo real es aquello que se repite. El hacer humano está comandado por el inconsciente, que no es nada en los abismos del alma sino una producción en el lenguaje. Inconsciente es cuando en vez de decirle al hombre que tengo en frente si quiere queso, me equivoco y le pregunto si quiere un beso. En ese decir aparentemente errado se produce el sujeto del deseo. El inconsciente no juzga, no calcula, sólo le interesa desear y aprovecha cualquier ocasión para expresarse. Sabemos de él por las marcas que deja sobre la realidad en aquello que se repite. 
La conciencia moral se instaura cuando el sujeto interioriza la autoridad paterna. 
Para la conciencia moral hacer y pensar tienen el mismo valor. Así, el sujeto puede llegar a sentir una angustia extrema por algo que sólo pensó y someterse a un castigo para aliviar la culpa. En los trastornos obsesivos reina la omnipotencia del pensamiento, de manera que el sujeto cree que puede provocar la muerte del otro con sólo pensarlo. La cultura impone al individuo la renuncia a sus impulsos. El niño teme perder el amor y la protección de los padres. Para evitarlo cede en la satisfacción pulsional, se civiliza, ya no puede hacer pipí a cualquier hora sino es en el orinal, no puede tocarse los genitales en cualquier situación como hacen los niños más pequeños cuando están en compañía de personas que le son gratas, hecho que se muestra de manera más clara en los varones, sino que ha de someterse a la leyes culturales. 
No hay representación mental de qué es la muerte como tampoco en qué consiste ser hombre o mujer. Hay una angustia inherente al ser para la muerte que engendra la condición humana. El obsesivo hace para deshacer y luego volver a hacer, atrapado en sus rituales, en la quietud de la duda el tiempo pasa.
LOS DOBLES DE LA NEUROSIS OBSESIVA. Puede ocurrir que uno comience a dudar si dejó el gas apagado e incluso muchas veces es...
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La anorexia-bulimia nerviosa suele entenderse como una enfermedad en sí misma, sin embargo este trastorno es en realidad un síntoma, es decir,  lo que le sucede a la persona que padece anorexia no se resume, como generalmente se piensa,  en una problemática con la comida y en consecuencia de nada sirven los razonamientos lógicos que el paciente escucha de familiares y amigos acerca de las bondades del alimento o de la necesidad de comer para llevar una vida sana, información que por otro lado él o ella bien conocen. 
Tampoco guarda esa conexión única,  que los medios de comunicación a veces transmiten con enconado ahínco, en torno a una distorsión perceptiva del propio cuerpo; las mujeres y hombres que sufren anorexia conocen la delgadez extrema de sus miembros y el deterioro físico que los vómitos continuados producen, si bien padecen de obsesiones focalizadas en determinadas partes del mismo, muy habitualmente la zona abdominal.
Algo que no es azaroso si tenemos en cuenta la relación que el abultamiento de esta zona tiene con el embarazo, esto es, pareciera como si en muchas ocasiones y tanto en mujeres como en hombres, la fantasía de embarazarse y también el deseo contrario subyaciesen juntos a la práctica del vómito compulsivo.
El enigma de la procedencia de los bebes ocupa desde bien temprano a los niños de ambos sexos y una de las soluciones que el psiquismo infantil encuentra ante este misterio es pensar que los niños se conciben comiendo algún alimento y son después paridos por el ano. 
Además, con esta explicación los más pequeños rechazan creer que sólo la mujer pueda parir y atribuyen a los hombres también la posibilidad de albergar en su interior a una criatura. Estos modelos infantiles son posteriormente reprimidos en el curso del desarrollo evolutivo, pero en el psiquismo humano nada desaparece sino que pervive en lo inconsciente y a veces, como sucede en la anorexia, se produce una regresión y vuelven a cobrar toda su vigencia.
La presencia de una marcada ambivalencia afectiva (presente en mayor o menor medida en todo humano) suele ser  una constante en quienes muestran esta sintomatología, de tal forma que tienden a vivir las relaciones en una dinámica de profundo amor e intenso rechazo al mismo tiempo.
Se identifican fácilmente con las otras personas y no toleran en absoluto las ofensas que toda trayectoria amorosa con otro humano siempre genera.  
Es habitual que vuelquen sobre su propia persona la venganza que infringirían al objeto de amor que les ha defraudado, así, a veces sucede que el vómito expresa indignación ante una injusticia percibida. Este rasgo es particularmente peligroso, pues puede conducir a situaciones de auténtico peligro para la propia integridad personal.
La anorexia-bulimia no es, como tan frecuentemente y tan erróneamente se piensa un gesto de extrema coquetería, sino la expresión más descarnada de un paso que el sujeto no pudo dar en su proceso de construcción como deseante. 
El ser humano lejos de nacer conocedor de las artes para la vida, tiene que aprenderlas y psicoanalizarse es uno de los caminos.
EL GRITO MUDO DE LA ANOREXIA-BULIMIA. La anorexia-bulimia nerviosa suele entenderse como una enfermedad en sí misma, sin embargo...
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La enuresis o eneuresis consiste en micciones involuntarias y persistentes generalmente durante la noche, aunque también pueden acontecer en el día. Es importante aclarar que no es un síntoma que sólo padezcan los niños sino también los adultos (de la enuresis en la edad adulta hablaremos en próximos artículos).
La primera pregunta que nos acecha al abordar este trastorno es a partir de qué edad se puede hablar de enuresis. El control de los esfínteres comienza entre los 18 y los 24 meses y cuando decimos comienza es precisamente eso lo que deseamos señalar, que no se trata de una conquista lograda a esa edad, como se pretende de manera equivocada en algunas revistas para padres o en el discurso de algunas familias, sino del comienzo de esa actividad y no será hasta los 4 o 5 años cuando los nervios sacros, que producen la contracción de los músculos reguladores de  la micción, la defecación y la erección, alcancen su madurez. En consecuencia no se puede hablar de enuresis antes de los 5  e incluso de los 7 años. A veces la urgencia de los padres y cuidadores por ver crecer al niño confunde con un síntoma lo que en realidad es un proceso de crecimiento sujetado a una temporalidad necesaria que no puede anticiparse. 
Como vemos las funciones vesicales y las funciones reproductivas guardan  cierta asociación a nivel fisiológico, siendo incluso la uretra el mismo conducto para la excreción de orina y de semén. Las sexualidad en la infancia está en relación con conductas autoeróticas, es decir, que se satisfacen en el propio cuerpo como la succión del dedo, la retención de las heces o jugar con los genitales. El acto de orinar produce también llamativas sensaciones corporales y sirve, además de cumplir una importantísima función fisiológica, para la producción de placer, como muestra muy gráficamente uno de las frases que en la edad adulta más suena en los labios de alguién que experimenta la urgencia de orinar y por fin encuentra un aseo: ¡qué gusto!. 
La relación del niño con sus padres no está exenta de atracción sexual, que en el curso del desarrollo será reprimida y desviada hacia otros amores posibles. Puede ocurrir que en la vida familiar convivan costumbres en extremo relajadas respecto a las prácticas de aseo y vida conyugal (puertas siempre abiertas, bañar a los niños hasta edades avanzadas porque
QUÉ ESTÁ EN JUEGO EN LA ENURESIS. La enuresis o eneuresis consiste en micciones involuntarias y persistentes generalmente...
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Podemos comenzar por acotar el concepto de agresividad: qué es y a quién afecta.
Cuando hablamos de alguien como una persona agresiva es habitual que dicha referencia haga alusión a quien rompe objetos o agrede a otros. Sin embargo, esta interpretación adolece de cierta confusión entre los términos agresividad y agresión, que si bien pueden estar en relación, en el sentido de ser la agresión uno de los puertos posibles para la agresividad, no son lo mismo, de tal forma que la agresividad no necesariamente desemboca en agresión.
En un primer intento por diferenciarlos, conviene apuntalar el concepto de agresividad en relación a tendencias que pueden expresarse de formas muy distintas: como ira, tristeza, límite o agresión. 
La agresión puede, a su vez, manifestarse con el ingenio de una frase o con la prehistoria del golpe; siendo la agresión verbal la única que entraña cierto grado de renuncia al impulso destructivo, exigencia que toda civilización para ser tal impone.
En las parejas es más fácil que en otro tipo de relaciones dar el paso a la agresión física, porque el contacto carnal está permitido en ella por definición.
Se puede entonces decir que la agresividad es una tendencia, un impulso constitutivo, mientras que la agresión se presenta como uno de sus posibles resultados, que además puede incluso aflorar en modos muy elaborados, como la respuesta de aquella mujer a quien su hijo, después de grandes dificultades, por fin comunica su homosexualidad y ella, envenada de desprecio, carga con toda su ira verbal:
LA AGRESIVIDAD EN LAS PAREJAS. Podemos comenzar por acotar el concepto de agresividad: qué es y a quién afecta. Cuando...
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Comenzar análisis es una decisión, y decidir no es exactamente una sucesión de pasos, sino un trabajo sujeto a las leyes que rigen nuestro psiquismo.
Cuando nos preguntamos por los resultados de cualquier decisión estamos en realidad huyendo; huida fantasma porque no se puede escapar de uno mismo. Las decisiones importantes son siempre de carácter inconsciente; y decir inconsciente significa también, que no son el producto de un hacer del todo controlado por la consciencia, sino que de alguna manera, nos encontramos en ellas; por eso, que no se toman decisiones sino que las decisiones, más bien, nos toman.
Es imposible decir en qué consiste un análisis, como tampoco se puede definir la vida. Incluso, el motivo por el que decimos comenzar un análisis es tan sólo una puerta de entrada, que al progresar en la terapia se transforma.
Solemos pensar que es necesario estar enfermo para acudir a un psicoanalista, y esperamos entonces a que nuestra vida se derrumbe para llegar a sesión. Lo cierto es que psiquismo tenemos todos, y el humano padece de su humanidad, o  como dice Walt Whitman en sus poemas: “ese podría ser yo” ( That could be me).
Un pensamiento muy extendido es hablar con los amigos y familiares de nuestras inquietudes, miedos, angustias, a tal extremo que incluso se define la palabra amistad en función de ese criterio, y calificamos como amigo a quien escucha nuestro devenir interno. Sin embargo, dicha actividad lejos está de favorecer la amistad, y menos aún nuestra salud; conversar con un amigo o un familiar de nuestra vida es, en realidad, maltratar a quienes decimos querer, pues, al igual que la alegría pasa de mano en mano, también la tristeza o la angustia son altamente contagiosas
Para escuchar a otro es necesario detener nuestro propio deseo, y eso sólo ocurre en una relación analista-cliente. Cuando nuestro deseo interfiere, como sucede en las relaciones familiares, entonces abrumamos a la otra persona con un listado de consejos, que todo el mundo conoce y nadie practica, nos arrogamos la autoridad de juzgarla, y si no sigue nuestras instrucciones, la declaramos culpable de su desdicha.
Estar en análisis nada tiene que ver con los consejos, sino con la producción de un deseo social, es decir, el psicoanálisis nos permite acceder a nuestra condición de sujetos deseantes; condición que está en relación con nuestra capacidad de trabajar y amar, dos parámetros que desaparecen frente a la angustia, el dolor o el miedo.
Ahora bien, como el análisis es un trabajo también aparecerá el dinero, y con el dinero siempre acuden  poderosos fantasmas del averno, que pueden determinar, sin darnos cuenta, todas nuestras relaciones; el dinero puede ser para nosotros todavía algo simbólico, y en ese caso lo pensaremos como excluyente del amor, y creeremos que quien cobra su trabajo no nos ama o, nos ama mal, porque nuestra madre nunca nos pidió nada a cambio, ( error, por cierto, muy peligroso, porque la madre en realidad  sí pide, y algo verdaderamente caro: que su hijo siempre sea un niño y sólo la ame a ella). En consecuencia, cuando el dinero es aún algo simbólico,  todavía no sólo no hemos aprendido qué es el dinero, y lo llenamos de significaciones que no tiene, sino que además, todavía no hemos aprendido a amar, y pensamos que el mundo nos debe algo, cuando en realidad somos nosotros quienes debemos al mundo. 
El dinero debe construirse en nuestro psiquismo como un equivalente general, que sólo sirve, y no es poco, para permitirnos comprar, además de bienes, salud y educación, es decir, el dinero nos permite acceder no sólo a la economía de los bienes (léase comida, ropa, un coche), sino también a la economía del deseo, donde además de dinero hará falta trabajar, y todavía más difícil aún, transformarse, pues no basta con pagar las clases de música, también tendremos que sentarnos al piano, y más aún, cambiar cómo pensamos que se mueven los dedos para hacerlo cantar, pues siempre ante cualquier hacer tenemos ideas previas de cómo son las cosas, de tal forma que el aprender y el transformarse son el mismo proceso.
El psicoanálisis es una herramienta que transforma, y la relación con el analista es una relación verdadera, pautada por un pacto, donde el interés del profesional es hacer su trabajo, que es al mismo tiempo, la forma de amor más exquisita, pues los efectos de nuestro trabajo siempre son para otros.
COMENZAR UN PSICOANÁLISIS. Comenzar análisis es una decisión, y decidir no es exactamente una sucesión de pasos, sino un...
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