QUÉ SON LOS CELOS
Los celos son un estado afectivo que todo sujeto experimenta alguna vez, por venir de seres sexuados. La primera relación afectiva que le ocurre al niño es evidentemente con las personas de su entorno y en consecuencia, son los padres a quienes el niño elige primero como destinatarios de sus requiebros amorosos.
Los celos se caracterizan por un sentimiento de exclusión y tristeza, a la par que de rivalidad por quien se considera la causa de la pérdida. Son en realidad una repetición de esa primera negativa que nos humaniza, por eso que Freud los llama celos concurrentes o normales y matiza que no son del todo racionales y basados en circunstancias actuales, pues se enlazan siempre de manera inconsciente a las tempranas preferencias infantiles.
Aceptar que los otros no nos pertenecen es una conquista para el humano, quien en los primeros meses de vida es incapaz incluso de reconocer el cuerpo de la madre, que lo alimenta, como diferenciado del propio y será precisamente el deseo de la madre por otras personas y actividades más allá del cuidado de su hijo, lo que provocará en el infante el despertar a un mundo donde hay otros, que de momento serán percibidos principalmente, como rivales frente al amor materno. De ahí, que una buena madre, al contrario de lo que a veces nos dicen algunos medios, no es aquella que más tiempo y atención dedica a su hijo sino quien más relaciones establece: trabaja, estudia, pinta, baila, hace el amor …..
El primer encuentro del pequeño con el mundo es inicialmente un rechazo hacia ese otro que viene a romper la relación de unicidad con la madre y junto al sentimiento de celos, que le hace mirar a ese nuevo objeto donde la madre ha desviado su atención y en definitiva comenzar la andadura del deseo, aparece también la envidia, que busca destruir a ese nuevo objeto, hacerlo desaparecer. En las manifestaciones de celos intensas, que sin alcanzar el grado patológico de los celos delirantes, mutilan ya la vida diaria del sujeto, el sentimiento subyacente es generalmente la envidia, una estado afectivo cuya presencia suele ser aún más difícil de aceptar para el sujeto y al reprimirse de la conciencia, lejos de desaparecer pulsa con más fuerza desde lo inconsciente.
El sentimiento de exclusión con respecto al objeto amado, que al reprimir los celos el sujeto atribuye a los otros y generalmente con un razonamiento lógico exquisito, provoca el alejamiento de las relaciones que le son queridas, de tal forma que trabaja sin ser consciente de ello, a favor de su propio aislamiento.
Los celos como cualquier otro sentimiento afectivo, forman parte de la variada amalgama de afectos que experimenta una persona a lo largo del día, aunque pueden también alcanzar una intensidad excesiva en su repulsa y tornarse patológicos.
Los celos proyectados son la expresión de fantasías inconscientes de infidelidad, que entran en conflicto con la moralidad del sujeto, quien la has reprimido y las proyecta en la otra persona. El humano en su proceso de civilización construye a diferencia del animal una sexualidad pautada por la interdicción del incesto; esa prohibición estructural le conduce a ser infiel con su primera elección amorosa, los padres, y a desear a otros fuera de su familia parental. La infidelidad es en definitiva una tendencia humana que funda la entrada en el campo del deseo y la represión de cualquier tendencia conlleva siempre su intensificación, pues al hacerla inconsciente pulsa aún con más fuerza, de tal forma que cuanto más se niega el sujeto a aceptar sus propios deseos de infidelidad, que como vemos son algo constitutivo, más se agudizan los celos por su pareja.
Toda relación de amor contiene una atracción sexual cuyos fines reproductivos se han sublimado en el caso de las relaciones fraternales. Tanto el niño como la niña desarrollan una relación afectiva con ambos progenitores y esta primitiva elección homosexual de objeto, en el caso de la niña con respecto a la madre y en el del niño en relación al padre, habla de la bisexualidad constitutiva de todo humano, que cuando encuentre trabas en aceptar sus tendencias homosexuales, mostrará dificultad para tener amigos del mismo sexo y en los casos en que ese intenso amor por alguien de su mismo sexo se reprima con igual poderosa intensidad pueden aparecer los celos delirantes, siempre presentes en los trastornos paranoides.
Es beneficioso aprender a reconocer y a tolerar los distintos sentimientos que en el encuentro con los demás se experimentan. Sentir no significa hacer, que siempre es un trabajo entre otros; cuando algo se repite en la vida de uno es siempre conveniente pensar que uno también participa de ese resultado y puede entonces transformarlo con psicoanálisis.